La memoria es un escenario complejo que se construye desde múltiples voces: quienes vivieron, quienes vivimos y quienes construirán nuevas memorias y aún no se hacen presentes. En cada persona el pasado, el presente y el futuro son escenarios fértiles para la construcción de dichas memorias.

Ni neutral, ni benévola per se, la memoria es un escenario marcado por las relaciones de poder, por los relatos de lo hegemónico, de lo esperado y de lo “normal”. Es por ello que una apuesta de memoria desde quienes habitamos orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, es decir, mujeres lesbianas, hombres gays, personas bisexuales, personas trans y aquell*s que no se enmarcan en ninguna de estas categorías, es un oportunidad y un compromiso.

Hacernos visibles en los relatos y discursos, ser l*s rar*s y no resignarnos a la violenta invisibilización de nuestras vivencias causa siempre incomodidad. Permanecer en los relatos, hablar, narrarnos, decir que nuestras memorias importan no es un simple mencionar, es una resistencia al olvido, al ostracismo y a la negación.

Narrarnos y nombrarnos es un llamado constante al despertar de todo aquello que olvida la institucionalidad del relato del hombre y la mujer, de aquellas preguntas que deben hacerse constantemente cuando se habla sobre ellas y ellos: ¿Dónde estamos las lesbianas, los gays, las bisexuales, las trans, las travestis, las “anormales”? ¿Acaso nuestra vida no merece ser recordada?

Se nos suele narrar desde las hiperalegorías a la vivencia festiva de la identidad de género o la fuerza hegemónica de lo gay. Preguntamos, ¿acaso las mujeres trans no son las mayores víctimas del prejuicio y estigma que se cierne sobre nosotras? ¿Acaso los hombres gays no existen fuera de los bares, no sienten, sueñan, son violentados o tienen vidas fuera del consumo?

También nos preguntamos: ¿dónde están las narraciones sobre aquellas mujeres que aman, sienten, construyen al lado de otras mujeres? ¿Dónde está su vida política y amorosa? ¿Donde están los hombres trans, sus corporalidades, sus vivencias, sus recuerdos, sus historias? ¿Por qué las bisexuales son invisibilizadas de manera constante por la heteronormatividad, pero también por el relato hegemónico de la atracción como algo dirigido hacia solo un género? ¿Y dónde están todas aquellas que desafiaron las normas del género y la sexualidad? ¿No existen?

¡Nos resistimos al borrado! ¡Nos resistimos a no aparecer! ¡Nos resistimos a desaparecer! Optamos por ser vist*s, oíd*s, sentid*s y relatad*s. Somos memorias vivas. Vamos desafiando incluso nuestros propios prejuicios, nuestros puntos ciegos y nuestra incapacidad para vern*s.

Nuestras vidas y nuestras muertes hacen parte de estas memorias. Ni la forma en que transitamos en la primera, ni la manera en que llegamos a la segunda pueden ser motivo de vergüenza, de miedo o de rechazo.

Museo Q no representa a tod*s, no es la voz legítima para hablar de la vivencia de las orientaciones sexuales o las identidades de género no hegemónicas, pero es grito y apuesta por un espacio para que l*s “anormales” y “l*s rarit*s” del paseo demos un paso adelante para decir: ¡Nuestras memorias importan!

 

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